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Me pide José Luis Carrión coordinador de la obra
completa, un prólogo para la edición de la traducción al castellano actual
del Libro VI de la obra de Ali Aben Ragel El libro conplido en los
iudizios de las estrellas tal y como se traduce en Toledo en el año 1254
en la Corte de Alfonso X el Sabio. Resulta paradójico que se encargue el
prologo o presentación de un libro a alguien que no tiene el más mínimo
conocimiento de la materia que trata. Sin embargo, querido lector, te
puedo asegurar que, aún estando, como es mi caso, en esta situación, al
sostener este libro entre tus manos experimentarás una agradable sensación
al pensar que tienes ante ti una obra que, salvo una edición incompleta en
castellano antiguo de la Real Academia, no había sido editada completa en
castellano, desde aquel año 1.254 y sobre una materia - la astrología -
que, para los cánones ortodoxos de nuestro actual pensamiento cultural, no
deja de ser una materia pseudo-científica, identificada generalmente como
una cuestión de "creencias" o "supersticiones", y que, sin embargo, siete
siglos atrás, era, como nos han contado Lidón Campillo y Navarro Artigas,
punta de lanza en el avance del incipiente conocimiento científico de la
época: ciencia de vanguardia de la que surgen y desgajan, conviene
recordarlo dado el exacerbado "utilitarismo" científico imperante,
conocimientos de tal envergadura práctica como la náutica, la climatología
o la hidrología. Una materia que desde entonces, y poco a poco, se ha
venido soslayando durante siglos, dejándola en el olvido, extrarradio de
las "ciencias" generalmente aceptadas como tales, en lo que, con una
excelente plástica expresiva, Navarro Artigas ha llamado "corte umbilical
de la Humanidad con su matriz cósmica".
Ahora, lector, que acaricias el libro entre tus manos, deja fluir
libremente esa sensación de recuperación, descubrimiento, difusión y
conservación del Conocimiento muy parecida a la que se percibe cuando, en
el silencio de una buena Biblioteca o Archivo, te dejas llevar por el
tiempo y el espacio, por la nada..... El salto en el tiempo histórico te
lleva suavemente a una ciudad y a un personaje: al Toledo de Alfonso X el
Sabio; la ciudad y el personaje que, en una simbiosis perfecta, puede
representar a la sociedad europea en el apogeo de la Baja Edad Media.
Te encuentras, querido lector, en la ciudad de Toledo y concretamente en
el scriptorium desde el que Alfonso X el Sabio continua, consolida y
desarrolla en el siglo XIII la labor de la antigua Escuela de Traductores
que, fundada por el segundo arzobispo de Toledo, el gascón Don Raimundo
(1125-1152), convirtió a la ciudad en uno de los centros intelectuales más
activos del occidente cristiano, y donde, en 1254, dos años después de su
proclamación como Rey, se traduce la obra que sostienen tus manos. Estás
en el principal centro cultural, junto con Sevilla y Murcia, del Reino
Castellano-Leonés que en aquellos momentos, conviene también recordarlo,
coexistía en la Península Ibérica con los otros tres reinos cristianos -
Corona de Aragón, Reino de Navarra, Reino de Portugal - frente al Imperio
Almohade asentado en la actual Andalucía.
Toledo es con Alfonso X el Sabio una impresionante máquina de
recuperación, elaboración y transmisión del saber fruto de la colaboración
entre las culturas cristiana, musulmana y judía. Al andar por sus
estrechos y pendientes callejones, te encuentras a poetas y
jurisconsultos, a historiadores y músicos, a juglares y hombres sabios de
las más diversas procedencias y creencias: cristianos, conversos, árabes o
judíos, ingleses o alemanes, dálmatas o italianos. A tus oídos llega el
murmullo de sus conversaciones en romance castellano o en árabe, en latín
o en hebreo. Percibes con facilidad, en este ambiente de efervescencia
cosmopolita, como el saber y la cultura ya no se encuentran entre los
estrechos muros de los monasterios en donde, solo en parte, se habían
conservado en la llamada “época oscura”. Las escuelas monásticas van
dejando paso, poco a poco, a las escuelas catedralicias y a las escuelas
locales que, a su vez, darán paso, sin desaparecer en muchos casos y ante
la presión del mundo laico, a los Estudios Generales o Universidades de
maestros y escolares fundadas normalmente por los Reyes y que los Papas
confirman y conceden privilegios.
Estás, querido lector, en uno de los principales focos, con la Sicilia
normanda, del bajomedioevo en el que el encuentro de culturas permite,
desde el siglo XI, recuperar para Europa el pensamiento de la antigüedad
clásica, conservado, en buena parte, desde la caída del Imperio romano por
la cultura musulmana gracias a sus relaciones con los cristianos de Siria,
cultura árabe de la que también se absorbe, no sólo las obras de sus
mejores pensadores, sino también sus avanzados conocimientos científicos,
impregnándose así una sociedad que sigue siendo fundamentalmente agraria,
pero en la que las nuevas relaciones económicas que surgen con y en la
ciudad, con un comercio local e internacional cada vez más activo de
mercaderías, hace que sus habitantes, o mejor dicho, sus clases
dirigentes, adquieran un especial protagonismo económico, social y
político, irrumpiendo espectacularmente en las relaciones de poder del
sistema: nobles, clérigos y, ahora, también burgueses; en medio y por
encima, una monarquía que todavía no había afianzado completamente su
poder. Por supuesto, la gran mayoría de la población, sobre todo los
campesinos, sigue todavía sometida a las relaciones típicas de dependencia
feudal con la válvula de escape que, en alguna medida, permite el
resurgimiento de la ciudad y, en el caso de los reinos hispánicos, el
repoblamiento de los amplios territorios conquistadas a los musulmanes.
Paseando por la cuesta que une el Alcázar con la Plaza de Zocodover no es
difícil imaginar al personaje, al Infante Don Alfonso, primogénito del
matrimonio del Rey castellano-leonés Fernando III con Beatriz de Suabia.
En esta ciudad nace el 23 de noviembre de 1221, y en ella y en Burgos pasa
el Infante su niñez. Su esmerada educación se produce en un claro ambiente
de cultura semítica. La música, la poesía, los números y las estrellas
ocupan preferentemente la curiosidad del Infante niño. A los doce años se
instala definitivamente en Toledo encomendándose su formación a Jácome
Ruiz, un jurista, a Xosse, un médico musulmán, y al físico y astrónomo
Isaac Ibn Sid. Desde entonces y para siempre Toledo sería “su” ciudad”.
Pero no te equivoques querido lector pensando que tienes ante ti tan sólo
a un intelectual de la época. Por el contrario, desde muy joven desarrolla
una intensa actividad diplomática y militar. Su padre, vencedor de las
Navas de Tolosa en 1212, le encarga la rendición del Reino musulmán de
Murcia (1243-1244). La delimitación de los territorios de conquista con la
Corona de Aragón es fruto también de su actividad. El Tratado de Almizra
(1244) que firma con Jaime I señala como límite de la conquista para la
Corona de Aragón una línea imaginaria que arrancaba en la confluencia de
los ríos Jucar y Cabriel y que, pasando por el puerto de Biar, terminaba
en Denia. En el citado Tratado, cuando todavía mantiene relaciones con la
dama toledana Mayor Guillen, que había sido dama de compañía de su madre y
de la que tiene una hija (Beatriz de Castilla), se compromete en
matrimonio, celebrado dos años después, con Violante, hija de Jaime I y
Violante de Hungria.
Es posible que tengan razón quienes no valoran positivamente el reinado de
nuestro personaje: paralización del impulso conquistador de su padre, el
Rey Fernando; fracaso en sus pretensiones sobre Portugal o el Reino de
Navarra; o en su aspiración al Imperio alemán, que tanto tiempo y dinero
cuesta a la corona castellana; conflictos con la alta nobleza y los
mudejares; la cuestión sucesoria, etc. En cualquier caso su faceta
intelectual es innegable e impresionante, marcando, como suele decirse, un
antes y un después. Siendo todavía Infante, se redactan por encargo suyo
libros de apólogos morales de clara influencia oriental, tales como los
titulados Libro de los doce sabios y Flores de Filosofía. Se traducen o
adaptan también por su encargo - aunque en algunos casos ello es
discutible- obras del mismo genero narrativo, como Calila y Dimna, Bocados
de Oro, Poridad de poridades o el Libro de los engaños. En el campo de la
astronomía destacan las Tablas alfonsíes y el conjunto de tratados
originales, refundiciones y traducciones formado por los Libros del saber
de astronomía, en los que se busca compilar el conocimiento astronómico de
la época y colaborar a su desarrollo. Algunos de los libros que lo forman,
como el Libro del cuadrante, todavía son valídos en el siglo XVII. La
astrología es otro campo de especial dedicación: De las Cruces, el Libro
conplido en los iudizios de las estrellas y Picatrix son los títulos de
las traducciones más importantes en este campo. El Lapidario es otra gran
obra alfonsí, incompleta, en la que se describen y analizan quinientas
piedras preciosas, metales y otras sustancias y su relación astrológica.
Entre las obras de carácter recreativo no puede dejar de citarse sus
Libros de axedrez, dados e tablas (1283). No faltan tampoco obras
didácticas como el Libro de los animales que caçan. La Primera Crónica
General, una parte de la cual se redacta ya en el reinado de Sancho IV, es
la obra cumbre de la historiografía castellana de la época y de hecho
marca el comienzo de la historiografía castellana en lengua romance. La
intervención personal de Alfonso X en este obra es generalmente admitida
en la medida en que es el propio Rey quien toma la iniciativa, dirige y
corrige los trabajos llevados a cabo por sus colaboradores. La labor
historiográfica en romance castellano incluye también una inacabada
historia universal inspirada en la Biblia. Y no debemos olvidarnos de su
faceta poética: sus Cantigas de Santa María, en lengua galaico-portuguesa,
ponen de manifiesto su gran sensibilidad artística.
La obra jurídica no se queda atrás. Primero y en vida de su padre, él
Setenario, obra destinada a la formación de los reyes, después las grandes
obras legislativas: el Fuero Real y el Espéculo y, sobre todo, Las
Partidas son los frutos más importantes de la labor en este campo. Es
cierto que tampoco en esta vertiente de su obra acompañó el éxito
inmediato al Rey Sabio. Al contrario, se encuentra con graves dificultades
para su puesta en vigor. La revuelta nobiliaria de 1272, a la que se unen
una buena parte de las ciudades, tiene una de sus causas posiblemente en
la imposición del Fuero Real. El Rey Alfonso ha de claudicar y las
ciudades consiguen su derogación y la vuelta a los antiguos fueros. El
precedente hace que él Rey ya no intente el cambio de legislación cuando
se elaboran Las Partidas. Solo después de su muerte, concretamente en el
Ordenamiento de Alcalá de 1348, Alfonso XI las pone en vigor. Es a partir
de estas fechas cuando la obra legislativa por excelencia – Las Partidas-
de Alfonso X el Sabio da sus frutos. Se van a aplicar en Castilla hasta el
siglo XIX, en que los códigos liberales las irán derogando, se extenderán
como derecho supletorio a Navarra y Vascongadas y en el siglo XVIII se
aplicarán en Valencia y de forma limitada en Aragón, Cataluña y Mallorca.
Son Las Partidas el cuerpo legal más importante de la corona
castellanoleonesa. La primera Partida trata de la iglesia y de la fe; la
segunda del poder político y la organización del reino, así como
cuestiones referidas a la nobleza; la tercera trata del proceso y la
cuarta del matrimonio; la quinta contratos y relaciones feudales, la sexta
sucesiones y la séptima derecho penal, delitos y penas. Como se puede
apreciar nos encontramos frente a un derecho de carácter territorial en el
que se manifiesta con claridad el poder legislativo que los Reyes van
alcanzando durante el siglo XIII y sus pretensiones de ordenar, en su
conjunto, la sociedad.
Al igual que en otros campos, en el Derecho la obra legislativa de Alfonso
X el Sabio marca la plenitud de lo que ha se ha venido llamando la
recepción del Derecho Romano que, unido al Derecho canónico y al de
influencia germánica, va a formar el Derecho común, configurándose de este
modo un modelo jurídico que, frente al anglosajón, va a ser la base del
Derecho continental europeo.
Es posible querido lector que después de este paseo por la ciudad de
Toledo té preguntes, como hago yo, por la razón del corte umbilical que en
la materia de que trata el libro se produce entre la época de Alfonso X el
Sabio y nuestro tiempo. Evidentemente no puedo contestarte a esta
pregunta, pero puedo asegurarte que la recuperación de aquellos
conocimientos en la Corte de Alfonso X el Sabio no fue gratuita. Por eso,
ahora, siete siglos después, deberemos, humildemente, recuperar el tiempo
perdido y volver a las fuentes.
Jesús Olavarria Iglesia
Profesor titular del Departamento de
Derecho Mercantil "Manuel Broseta Pont". Universitat de València.
Aquí comienza la sexta parte del Libro conplido de los
iudizios de las estrellas, el que compuso Ali hijo de Aben Ragel, el Cano
y Notario, y esta parte trata sobre las revoluciones de los años de la
persona, y hay en ella, quince capítulos, los cuales son los que siguen:
El capítulo .I.º habla sobre la firmeza de cada planeta en los tiempos de
la persona.
El capítulo .II.º habla sobre la división y el divisor.
El capítulo .III.º habla sobre los designios por el signo de la profección,
de los planetas y de Saturno; cuando es dominante del año.
El capítulo .IV.º habla sobre los designios de las Fridarias.
El capítulo .V.º habla sobre los presagios de la aproximación[1] del año o
de los lugares en que se hallaban en el origen.
El capítulo .VI.º habla sobre los presagios de los planetas, que se
presentan en una posición en el radix y en otra durante la revolución.
El capítulo .VII.º habla sobre las significaciones de los planetas, que se
encuentran durante la revolución, en lugares en los que había otros
planetas en el origen.
El capítulo .VIII.º habla sobre los presagios del Sol cuando se halla en
cada uno de los doce signos.
El capítulo .IX.º habla sobre los presagios de Venus, Mercurio y de la
Luna durante la revolución, cuando regresan a los mismos lugares en que se
encontraban en el origen o a los lugares de otros planetas, y en primer
lugar sobre Venus.
El capítulo .X.º habla sobre los presagios del dominante del círculo.
El capítulo .XI.º habla sobre la aproximación de los planetas al grado de
la división, o al grado de la profección, o al grado del ascendente de la
revolución, o a la Luna de la revolución, o a algún aspecto, o a alguna de
las partes.
El capítulo .XII.º habla sobre los presagios de los ascendentes de la
revolución del año.
El capítulo .XIII.º habla sobre aforismos muy necesarios en esta
discusión.
El capítulo .XIV.º habla sobre el conocimiento de la riqueza del padre por
medio de la natividad del hijo.
El capítulo .XV.º habla sobre el modo de dividir los días y los meses El
capítulo .XV.º habla sobre el modo de dividir los días y los meses
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[1] Profección del ascendente natal.
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